Luis XIII, Dix Luis 1640: De la Casa de la Moneda a un colgante y de vuelta
Este luis de oro de 10 con cabeza laureada y busto drapeado, acuñado en París en 1640 bajo el reinado de Luis XIII (1610-1643), es mucho más que una simple moneda de oro de gran tamaño. Es un objeto con historia. Y eso es precisamente lo que hace que esta moneda resulte tan fascinante hoy en Sixbid: No solo nos habla de la representación real en la Francia del siglo XVII, sino también de un uso privado posterior, y de su transformación de vuelta en la moneda tal y como la vemos hoy.
Incluso desde una perspectiva numismática, la pieza pertenece a la máxima categoría. La descripción actual en Sixbid indica que la leyenda del anverso es LVDOVICVS. XIII. D. G. FRANC. ET. NAV. REX. en el anverso, así como el busto laureado y drapeado del rey mirando a la derecha, con el cifrado del año 1640 debajo. El reverso lleva la leyenda CHRISTVS. REGNAT. VINCIT. ET. IMPERAT. y presenta una composición en forma de cruz de ocho L, cada una con una corona en sus brazos, con una A dentro de un círculo en el centro y cuatro lirios que irradian hacia fuera desde el centro. El canto se describe hoy como tranche lisse, es decir, liso y sin relieve. La moneda aparece referenciada en Droulers 13, Duplessy 1293, Fr. 405 y Gadoury 63. El peso actual es de 66,46 g.
Este ejemplar pertenece, por tanto, a una categoría que destaca incluso entre las grandes monedas de oro. No es casualidad que la descripción actual la califique como «la moneda de oro más grande de la historia de Francia» y como «una joya de la numismática europea». Suena grandioso, y sin duda lo es. Un «10 Luis» de 1640 no es una pieza que se pueda contemplar de pasada. Exige atención, y la consigue.
Es precisamente este impacto lo que forma parte del atractivo de la pieza. Las piezas de oro de este tamaño no servían únicamente como medio de pago. Transmitían soberanía, prestigio y simbolismo. El diseño es, en consecuencia, claro: el rey con una corona de laurel y drapeado, en una forma que encarna la soberanía, la dignidad y la representación clásica; en el reverso, una cruz de composición rigurosa formada por L, coronada y flanqueada por lirios. Se trata de arte numismático que no se basa en la moderación, sino en el impacto.
Sin embargo, es precisamente este ejemplar el que fascina, no solo por su tamaño o su programa iconográfico. Lo que lo hace verdaderamente especial es su transformación documentada a lo largo de los siglos. Originalmente, la moneda fue acuñada en 1640 como una pieza de oro real representativa. Más tarde, en el siglo XIX, fue reelaborada y utilizada como colgante o medalla de boda. Una entrada anterior del catálogo señalaba que se le había colocado un ojal y se había añadido un grabado al borde:
«Barthélémy Lecarpentier se casó el 30 de noviembre de 1847 con Amélie Brunet»
Así, una monumental moneda de oro se convirtió en un recuerdo personal. Por un momento, el gran escenario de la monarquía pasó a un segundo plano frente a una historia privada. En lugar de limitarse a mostrar la autopromoción real, la pieza pasó a formar parte de un recuerdo humano —presumiblemente relacionado con la boda de Barthélémy Lecarpentier y Amélie Brunet el 30 de noviembre de 1847. No se puede afirmar con certeza quién encargó exactamente la modificación ni quién regaló la moneda. Sin embargo, una cosa es segura: la pieza pasó temporalmente de ser un objeto numismático a convertirse en un artículo personal que se podía llevar puesto.
Y es precisamente aquí donde la historia de esta moneda se vuelve especialmente fascinante, pues la historia no termina con el colgante. La modificación se revirtió posteriormente. La descripción actual de Sixbid hace referencia a «Rastros de restauración en el canto». Esta breve frase reviste un gran interés numismático, ya que marca la tercera etapa en la vida de la pieza: de moneda a colgante y de vuelta a moneda. Se omitió el ojal, se restauraron las modificaciones y, sin embargo, la fase intermedia no ha sido borrada. Permanece como un rastro en el canto y como parte documentada de la historia del objeto.
Es precisamente esto lo que hace que este ejemplar sea tan evocador. No solo es raro, sino también legible. Primero, un objeto de prestigio real del siglo XVII. Luego, un colgante personal que sirvió de recuerdo en el siglo XIX. Y, finalmente, una vez más, una moneda de gran importancia para los coleccionistas, cuyo anterior cambio de uso aún es rastreable. Muchas monedas tienen valor histórico. Unas pocas selectas también llevan consigo su historia en forma de transformaciones tangibles. Esta pieza pertenece claramente a la segunda categoría.
La procedencia también subraya el estatus excepcional del lote. Se afirma que procede de una colección familiar japonesa y que fue subastada anteriormente en Sabine Bourgey, París 1995, lote 34, con una estimación en aquel momento de 150 000 FF. Junto con su actual clasificación como extremadamente rara y en excelente estado de conservación, esto dibuja el retrato de un objeto que impresiona no solo por su tipo, rareza y peso en oro, sino también por su recorrido documentado a través de países, generaciones y contextos de uso.
Esta misma moneda se encuentra actualmente a subasta en Sixbid: como lote 162 de la subasta 344 de Hess Divo. Se pueden realizar pujas previas hasta el 17 de junio de 2026 a las 14:00. La subasta comienza el 17 de junio de 2026 a las 15:00 y tendrá lugar en el Hotel Schweizerhof, Bahnhofplatz 7, Zúrich.
Cualquiera que esté interesado en las monedas de oro francesas, las obras maestras de la numismática europea y los objetos con una historia genuina no debería considerar este lote simplemente como una rara moneda de oro de gran tamaño. Este Dix Louis de 1640 es un ejemplar que ilustra cómo una obra maestra numismática puede adquirir nuevos significados a lo largo de los siglos sin perder su aura. Es precisamente esto lo que la hace tan fascinante: es a la vez un monumento, un recuerdo y una moneda recuperada.
